Estoy tirado en la cama ahora mismo y me estaba rascando un pie con el otro. De golpe me he acordado que tú me haces lo mismo, que cuando estamos abrazados me acaricias con tus pies los míos, que tu mano pasa por mi espalda suavemente haciéndome sentir querido. Que respiro tu aliento y pienso que en esos momentos me gusta estar vivo, por poder tocarte, sentirte. Por poder estar contigo y sentir el calor de tu piel, de tu respiración y tus labios.
Que me encantan esos pequeños detalles, cuando abres los ojos sólo para ver si te miro. Cuando los cierras sabiendo que sí, que te estoy mirando, te sale esa sonrisilla de vergüencita y haces que sonría yo también mientras te miro y veo un precioso rostro que momentáneamente es feliz, por mí culpa, igual que yo, por la tuya.
Que también ahora, pensando, me doy cuenta de que cuando te voy a buscar, y nuestras miradas se cruzan después de días sin vernos, ambos esbozamos una sonrisa tímida de alegría y veo que el tiempo se esfuma demasiado rápido estando contigo, sin apenas tiempo para haber vivido, pero sintiéndome vivo. Y cuando te dejo... ese momento en el que la realidad vuelve a cubrir todo negro, y el paso del tiempo oculta el sabor de tu último beso... entonces, me entristezco. Y no puedo parar de pensar en que ojalá el tiempo jugará al revés, y que pasará rápido cuando no estés, para así ir lento para poder disfrutar más contigo.
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