lunes, 25 de noviembre de 2013

Soy un cabrón

En el cenicero las colillas con tu sello se amontonaban una tras otra, haciendo una marea en la cual las cenizas eran las olas por donde las cortinas de humo emergían hacía el pequeño rayo de luz que por la ventana entraba.
Desnudos los dos, con mi poya en tu boca, cerveza en mano y aferrándote bruscamente como a ti te gustaba. O eso me hacías creer, Candy. Pues tampoco ese era tu nombre, es el nombre de los veinte euros que te he pagado. Veinte euros de sexo, de mentiras y placer no correspondido. Tus gemidos eran falsos pero al estar dentro de tu coño no me importaba, un coño que intento disfrutar, pero que al haberme pasado con la cocaína no puedo sentir nada.
Te aparto bruscamente, pues no me apetece tenerte ahora. Quiero otra raya. Sé que ya llevo muchas pero eso me la suda.
Joder. Solo quería vivir y follar, beber y follar, tomar y follar. y solo conseguí follar drogado, pagando cada pico y bebiendo temples sorbos de amargura.
Soy un cabrón, eso es lo que he sido, sin respetar a nadie y sin querer ser demolido. Pues esa puta que se estaba yendo ya la he pagado. Pero no he obtenido amor, tan solo me la han chupado.

Joder Tommy, he acabado muy mal. No me importa, otro pico, lo arregló y ya está. Siento que me elevo, que nada se ha acabado, de repente empiezo a sentir que caigo, tiemblo, todo se obscurece. Y...