De ella amaba su arte.
Su forma de mirar penetrante,
su manera de ruborizar
sus pasos torpes al caminar.
De ella me hipnotizaron sus curvas.
La cadera que me encantaba acariciar,
los pómulos que besaba sin pensar,
la sonrisa perfecta de niña buena
escondiendo un demonio.
De todas sus obras de arte la que más apreciaba
era aquella que hizo conmigo.
Sacarme del pozo de oscuridad y poder volar.
Lástima que de la misma forma que me sacó,
volvió a empujarme una vez más.
De ella amaba su arte.
Su forma de engañarme.
Su manera de manipularme.
Sus pasos firmes al pisarme.
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