sábado, 19 de abril de 2014

Descontrolemonos...

A veces el controlarse puede ser bueno.
Controlar la velocidad a la que corres con tu coche nuevo. Controlar el exceso de alcohol, lo que le dices tus suegros, lo que comes, lo que miras, lo que opinas, lo que gritas, lo que mandas, lo que haces, como lo haces, cuando dejar de hacerlo, como dejar de hacerlo, mientras lo estás haciendo, controlando cada segundo de tu vida, cada momento cada instante, cada reacción, cada suspiro...

Pero a veces el no controlarse, puede ser mejor...
No controlarte a la hora de robar un beso, al acariciar su piel, al mirarle a los ojos, al sonrojarte, al reírte, a querer, a querer más, a sentir tu piel de gallina, los pelos de punta, el balbuceo, no saber hablar, hablar flojito, a descontrolar el momento, a lanzarnos miradas, a despedirnos, queriéndonos decir más de lo que hemos dicho...

Pero, a veces... uno controla lo que no tiene que controlar.
No dar ese beso, no acariciar su piel, mirarle lo justo por temor, sonrojarte lo más mínimo, reírte, sí, pero de ella, querer que no se quiera querer, no mostrar tu debilidad, controlar cada palabra, hablar correctamente, controlar el momento, evitar miradas, despedirnos... maldiciendo por no haberme descontrolado... descontrol, que luego hubiese sido nuestro momento, momento efimeramente infinito.


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