domingo, 23 de febrero de 2014

Sentir puede doler, pero más duele no sentir.

No todo lo que florece es bonito apasionado.

Impotencia es lo que siento cada vez que me acerco, que lo suelto, rabia por quererlo y ni si quiera poder verlo. Amargura es aquello que tanto daña, temor, prisa y pensamiento parado, parado por la ola de frío que directo en los pulmones entran como rayas de coca. Cocaína, esa droga que no es droga comparada con lo adicto que se puede estar a tu presencia, presencia que se ausenta durante días, horas, meses, años, calendarios enteros, pero que no se borra del recuerdo.

No entiendo por qué me das tantas ostias y menos entiendo por que pongo la cara y digo mientras está roja, "no pasa nada, fue mi culpa". Asco por ver que puedes volar con otro, otro que no te esnife y no te adore como yo te adoro.
Lo que muchos quieren es ver su polla en tú boca, mas yo quiero escuchar un "Te quiero" sincero y pensado sin demora. Tanto cuesta apreciarlo, tanto cuesta definir, tanto cuesta que yo solo me acuesto y trato de no pensar en lo que pienso mientras hago pensamientos de como hubiera sido aquel momento tan lejano que cercano se quedo lejos.

Porque cuesta tanto guardarlo pero más cuesta el sacarlo. Escupir ciertas palabras que te hagan daño ya sea a un modo u otro, ya sea a ti mismo o a aquel viejo pasado que furiosamente quebrado se hará polvo.

Un pico es lo que necesitan algunos, una cerveza, tal vez un crucigrama donde encerrar sus problemas y cuatro horizontal, "Dice ser aquel sentimiento por el cual sufres o bien, disfrutes depende el momento". Amor no creo que sea puesto que nunca he disfrutado de ello. Papel, lápiz y me pongo a escribir un cuento, un cuento que habla sobre un león y un cordero, un cordero que es comido, comido de indiferencia mientras el león rugía por el dolor que le suponía no comerse, lo que por naturaleza se tendría que haber comido.

¿Por qué?
¿Y por qué no?

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